
La noche aúlla. Un gato negro de cola esponjada, uno de los tantos enamorados que musicalizan las madrugadas sin luna, pasa por mi costado y decide acariciarse en mis piernas. Levanta un poco el lomo, lo contornea con orgullo, me mira desde abajo. Sola es una palabra que asusta, pienso. Nunca es una palabra que dura demasiado. Noche era una vida y hoy es un misterio. Vida. Marcas. Muerte. Silencio.




