La noche aúlla. Un gato negro de cola esponjada, uno de los tantos enamorados que musicalizan las madrugadas sin luna, pasa por mi costado y decide acariciarse en mis piernas. Levanta un poco el lomo, lo contornea con orgullo, me mira desde abajo. Sola es una palabra que asusta, pienso. Nunca es una palabra que dura demasiado. Noche era una vida y hoy es un misterio. Vida. Marcas. Muerte. Silencio.
Vi el horizonte incendiado.
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Ya llegó la primavera
¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Botánico de Palermo, Buenos Aires, 2007.
A vos, que me regalaste primavera.